Los dioses negros del Brasil

orixas

Como nosotros ya dijimos, Pajelança y el Catimbó, son cultos básicamente aborígenes mezclados con elementos cristianos y católicos, de quien el negro y sus descendientes entraron, especialmente en el Noroeste -estos eran de origen Bantú- por encontrar los arriba citados ceremonias culturizadas, hasta cierto punto, análogas a las de sus antepasados africanos.

Los negros bantos-congoleses aceptaron esta nueva religión, sobre todo, en término de culto de los muertos pues los pajés y los catimbozeiros, a través de las Maracás y las Cunhãs, los Encantados, el Petun y la Jurema, quizá ahora la Diamba introducida por los africanos, se comunicaban con el Más Allá, el lugar místico o mítico donde los blancos, los indios, los negros y los mestizos, igualmente situaban la existencia de sus antepasados.

Después, a medida que más y más negros de origen bantú -sobre todo congos y angolas- arribaron y se reagruparon en la periferia de las mayores ciudades de la época. manteniendo las partes de los rituales de sus antepasados que conseguieron poner en práctica dentro de los estrechos límites de la esclavitud, y creando los primeros Candomblés -palabra de origen bantú y no yoruba que en Brasil significa “instrumento de percusión” y/o “lugar de danzas de negros”; y por extensión, “lugar de tierra golpeada por pies”- donde se practicaban cultos religiosos.
Cantos y danzas –el Batuque- eran permitidos e incentivados por las autoridades en tentativa de oponerse al banzo, tristeza depresiva que frecuentemente llevaba el esclavo bantú a su muerte o suicidio y, también, para que tales manifestaciones que consideraban apenas lúcidas insitaran las diferencias tribales entre los diversos pueblos esclavizados: Congo, Angóla, Mina, Grunci, Galindas, etc.

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Obtenida la autorización de sus “señores” para realizar tales reuniones, los bantos insertaron las prácticas religiosas para sus M’inkisi -plural de N’kisi que en la lengua portuguesa generó el término Inkices- divinidades equivalentes a los posteriores Orixás sudaneses-, cubriéndolas con un mimetismo de prácticas religiosas de cristianos, incorporando, de este modo, el poder místico de los Santos Católicos que más se emparentaban con sus prácticas religiosas africanas.

También engañaron a las autoridades para que pensaran que el Candomblé y el Batuque podría alimentar las viejas rivalidades tribales existentes desde el Africa. Todo lo contrario, desde sus principios, estos Candomblés incorporaron muchos de los Catimbós ya más africanizados, llevando así para su interior el sincretismo religioso católico-indígena que ya se revelara útil artificio de camuflaje para la celebración pública de sus reales prácticas religiosas.

Tornáronse también en las semillas de los futuros “Candomblés del País” que surgirían a partir del inicio del siglo XIX, cuando la entrada masiva en corto período de tiempo de negros de origen sudanés a la Bahía de Río de Janeiro, suplantó todas las otras étnias, y comenzó a crecer y a evidenciarse el prestigio ritualístico y litúrgico de los cultos religiosos sudaneses yorubás y nagôs, los cuáles interpretaron y reinterpretaron los existentes Candomblés de orígen Bantu y, finalmente se impusieron.

Las regiones próximas a las ciudades de Salvador (BA), Recife (PE) y Río de Janeiro (DF), por sobre todas las formas de culto en que participasen mayoritariamente el negro y sus descendientes.

La palabra Candomblé, que designa en Bahía las religiones africanas en general es de origen bantú. Es probable que las influencias de la religiones venidas de las regiones de Africa situadas en la inmediaciones del ecuador no se limiten apenas al nombre de las ceremonias, mas tengan dados cultos gêges y nàgôs, en Bahía, una forma que los diferencia, en ciertos puntos, de estas mismas manifestaciones en Africa. Pierre Verger. 1971

Llegado a puerto en Brasil mucho tiempo después -finales del siglo XVIII-, el conocimiento espiritual de los descendientes de la Nación Africana Sudanesa Yoruba, también adoptó la protección de la práctica del Candomblés, reuniendo sus Santos de afuera y Santos de adentro en un sólo lugar de culto: el Terreiro-li-ese-orisa.

A diferencia de los bantos, los nagôs sudaneses usaron el sincretismo religioso de sus Awon Orisa -plural de Orisa que en nuestra lengua generó el término Orixás-, como los Santos Católicos apenas como una “fachada” ritualística, ya que esto ofrecía una cierta protección contra el abuso de las autoridades de ese momento.

De esta manera, con el pasar de más de un siglo, esta nueva ritualística de los descendientes de la Nación Yoruba, esclavizados en Brasil, en vez de ser antagonizada por las otras étnias negras, comenzó a servir de modelo y fundamento al anterior conocimiento espiritual de la Nación Banto, dando origen a los Cultos Afro-Brasileiros conocidos a partir de entonces bajo la denominación genérica de Terreiros de Candomblé, fuesen cual fuesen sus orígenes.

Al final del siglo XIX, los cultos de origen de bantú, congo y angola -también los cultos de orígenes indígenas- de las regiones de Bahía y Pernambuco estaban sometidos a las normas ritualísticas del Candomblé de la Nación sudanesa, pero no específicamente en el resto del país. Solamente esta Nación sudanesa conseguía revigorizar su creencia a través del animado tráfico de comercio marítimo que se formó entre Salvador (Brasil) y Lagos (Onin – Nigéria) al inicio de siglo XIX.

Recientemente, treinta años para aquí y pasada la necesidad del sincretismo religioso para su supervivencia, los Candomblés de la Nación Sudanesa comenzaron a revertir la tendencia de simbiosis con los otros cultos para cerrar la pregunta sobre la prioridad de sus raíces étnicas sobre todas las otras. Tornándose así una religión exclusiva de un grupo étnico negro definido. Cuando el culto es practicado por negros de otras étnias, blancos, indios y mestizos de todos los matices, tornándose finalmente una celebración de la memoria colectiva africana sudanesa en sólo algo brasileno y que hoy rechazan con vehemencia el sincretismo religioso que otrora practicaran para sobrevivir.

Como resultado de esta hegemonía Sudanesa (Ijêxá, Kêtu, Òyó, Ifé e Benin – en fin, Nàgô) y su posterior rechazo de otras corrientes religiosas negras, surgirían los Candomblé de la Nación Bantu y Angola que, por su lado, expulsaron de su medio el elemento indígena que vino entonces a dar origen al Candomblé de Caboclo y al Omôlocô.

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Pero, esta mezcla anterior y el mimetismo de ritualísticas aparentemente semejantes a los ojos de la sociedad esclavócrata brasileira, escondía diferencias profundas de Teogonia y Liturgia entre ellas, las cuales se tornaron ya más evidentes cuando cesó la persecución medico-sanitaria y policial contra ellas. Ya entonces la Ritualística de orígen Sudanesa, bien o mal, había sobrepujado las de otros orígenes. Y, como la étnia sudanesa conseguiese mantener contacto efectivo con sus orígenes africanos, a través del animado tráfico marítimo entre Salvador y Lagos, terminada la necesidad de protección del aparente sincretismo religioso, esa hegemonía ritualística iorubá sobre todas las otras ritualísticas hizo que los ritos de origen sudanés se separasen definitivamente de los demás.

De esta forma, la institución del Candomblé todavía hoy presenta nítidas separaciones en cuanto a sus orígenes: el Candomblé de Nación Sudanesa, el Candomblé de Nación Angóla y el Candomblé de Caboclo.

Teniendo alertado para estas reales diferencias existentes, propias a cada Nación, vamos adelante a discernir suscintamente sobre las figuras, ahora genéricas, de Orixás del panorama, ahora también genérico, los Terreiros de Candomblé, sin ningún orden de grandeza especial, remarcando apenas las fechas en que se acostumbra hoy festejarlos.

No vamos aquí a entrar en mayores detalles sobre cada una de ellos. Una vez que tales detalles son materia restricta de los Cultos Afro-Brasileiros y caberá a los ritualistas de cada Nación, separar los conceptos particulares de sus Orisa, Vodun e Inkice.

Acerca de Los Orixás del Candomblé de Nación ►